Durante décadas, la misión principal del disipador de sobretensiones se ha mantenido constante: proteger los equipos eléctricos de sobretensiones transitorias, ya sea causadas por rayos u operaciones de conmutación, proporcionando un camino de baja impedancia a tierra y restaurando rápidamente el funcionamiento normal del sistema. Sin embargo, los medios para lograr esta misión están experimentando una transformación radical. Impulsada por las demandas de las redes eléctricas modernas (la creciente integración de las energías renovables, la digitalización y la necesidad de una mayor confiabilidad), la tecnología de descargadores está yendo más allá de su papel tradicional y pasivo hacia una era de componentes inteligentes, adaptables y altamente resilientes.